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“Han pasado tantas cosas en estos quince días, que no me será fácil contarlas, por lo menos con algún orden. Sin embargo, para intentar recordarlas y ordenarlas, escribo precisamente.” Cuaderno de la Pobleta. Anotaciones del 20 de mayo de 1937.
El carácter reflexivo, la necesidad de levantar acta de su acontecer diario, de recogerse íntimamente ante las páginas de sus cuadernos, hicieron de Azaña un cronista sincero y prolijo de su actividad pública y privada.
En este apartado, varias son las obras merecen su mención. La primera de ellas es Mi rebelión en Barcelona (Espasa-Calpe, 1935), en la que narra su versión de los acontecimientos y se defiende de la acusación de implicación en los sucesos revolucionarios de Asturias y Cataluña, que le valieron la prisión de octubre a diciembre de 1934. La segunda son los Diarios completos, a cargo de Santos Julià, publicados por Crítica en 2000, que incorporan los famosos cuadernos robados que cubrían los años 1932-1933 y de los que, hasta el momento de su rocambolesca aparición, se tenía constancia tan solo por la publicación franquista de 1939: Memorias íntimas de Azaña, “con anotaciones de Joaquín de Arrarás e ilustraciones satíricas de Kin” (Ediciones Españolas, 1939), que también está presente en nuestra colección.
Al escritor Enrique de Rivas debemos la edición de dos obras valiosas para completar el testimonio autobiográfico de Azaña: Los apuntes de memoria inéditos (1936-1940) (Pre-Textos, 1990) y las Cartas (1917-1938) (Pre-Textos, 1991) que intercambió con su amigo y cuñado Cipriano de Rivas Cherif. Igualmente poseemos el epistolario entre Azaña y Esplá de los años 1939 y 1940 que, bajo el título Una lealtad bajo ruinas, fue publicado por la Universidad de Valencia en 2003; y la publicación de la conferencia pronunciada por el joven Azaña en 1917 en el Ateneo: Reims y Verdún (impresiones de un viaje a Francia) (Ministerio de Cultura, 2005) con un precioso aparato fotográfico inédito .